(El embajador cristiano montado a caballo, se dirige al embajador moro, entablando un diálogo en el que intenta convencerle sobre el misterio de la virginidad de la Virgen María, con todo tipo de argumentos).
Cristiano.-
Alcaide de ese alcázar otomano,
centinela del falso luterano,
secuaces de Mahoma que en el fuerte,
estais presagios, temerosos a la muerte.
Salid de aquesa almena,
a escuchar lo que mi Rey ordena.
Moro.-
¿Quién tan osado y atrevido,
que pisar el recinto no ha temido,
de este castillo fuerte, invencible,
azote de cristianos tan terrible?
Pues si mis ojos no me engañan.
Vos sois Embajador del Rey de España.
Cristiano.-
Sin duda que lo soy, tú que lo infieres.
Moro.-
Pues a tu Embajada escucho.
Di prontamente a lo que vienes.
Cristiano.-
Yo solamente vengo noble moro,
observando las leyes del decoro,
a intimarte con razones comprendiosas,
con la paz, con la guerra,
y de estas dos cosas,
elegirás después la que quisieres,
más mira cautamente, no te yerres,
y así escucha.
Moro.-
Pasa adelante,
que traes mucha tardanza,
en declarar tus pretensiones,
pues el acero supla las razones,
de mi gente africana.
Cristiano.-
Digo pues , que el afecto y devoción cristiana,
de los habitantes de este pueblo,
para cerrar las puertas del Averno,
con júbilo, decencia y gozo extraño,
celebran y festejan cada año,
a la Madre de Diós Inmaculada,
María de la Cabeza lluminada.
OH! moro no te asombres,
que en sus puras entrañas,
se hizo hombre aquel Verbo Divino,
sírviendo de taller su bello seno,
de esa Aurora divina;
cuyo prodigio ha sido obrado,
por el poder del Dios amado,
y enlazado en el mismo caso raro,
como el Sol que penetra el cristal claro,
dejando su entereza sin fisura,
de este Sol Divino la clausura;
penetró en María clara estrella,
Madre y Virgen, la mas bella;
y este Dios humanado,
sólo por dedimirnos del pecado ,
padeció en su hermosura ,
infinitos tormentos con hartura.
Y el pago que le das a sus favores,
es vivir descuidado en tus errores.
(El embajador moro no admite los argumentos del cristiano y contesta airadamente).
Moro.-
Ya te he dicho que te acortes de razones,
y a mi no me vengas con pretensiones,
ni mentiras publiques fabulosas,
porque madre y doncella, son dos cosas;
más no me provoques.
!OH! rabia!, mi furor cuando eso toques.
Di sólo a lo que vienes prontamente.
(El embajador cristiano le cuenta al moro cómo perdieron la Sagrada Imagen después de una emboscada tendida por sus secuaces y le propone pagarle un rescate por la misma).
Cristiano.-
Aconsejarte quisiera solamente,
lo que hacer debiersas,
que a tu falso Corán aborrecieras;
más déjote por rebelde, porque es en vano,
el consejo para el moro del cristiano;
sólo voy a lo que importa,
al mandato que traigo de mi Rey.
En breve rato, te contaré primero,
el caso verdadero,
que fue de aqueste modo.
Iba este pueblo todo,
a la Madre de Dios acompañando,
reverentes cultos tributando,
en procesión solemne y religiosa,
cuando tu Arraez con gente belicosa
inopinadamente, salió de una emboscada,
y de repente, un asalto nos dio con tal fiereza,
defendiéndose mi armada con firmeza.
Fue el choque tan fuerte y tan reñido,
que el campo tod se quedó teñido,
de la sangre vertida en la campaña;
siendo tanto el furor y tanta la saña,
de la una y la otra parte,
que causar pudo envidia al mismo Marte;
como la suerte es variable,
quiso Dios que nos fuera favorable,
el combate tan fuerte y rogurosa,
que mi ejército salió victorioso.
En consecuencia,
faltándole la gente la paciencia,
a tu Arraez valeroso,
tuvo que retirarse perdidoso;
y estando en este estado,
del Africa un ejército ha llegado,
y de que se vio ventajoso,
cargó sobre mi ejército orgulloso.
Aquí no se si referirlo puedo.
Mi lengua enmudece;
mi labio entorpece;
mi corazón se quiebra de tormento,
en mi pecho no cabe el sentimiento; pués cual lobo sangriento y carnicero,
despedaza con furia lo primero ,
a mi ejercito pequeño y fatigado;
después con gran ansia han cautivado,
a esa Imagen Divina.
!QH! Cielo Santo!
¿Cómo tu gran poder consiente tanto?
Después que su intento consiguieron,
con Maria sagrada se vinieron,
logrando esta ocasión tan a la mano,
por ser corto el ejército cristiano;
lo que jamás lograran,
si con fuerzas iguales pelearan.
Atiende pués ahora lo que ordeno,
el Católico Rey, el poderoso,
azote de enemigos rigurosos;
ese valiente y justiciero,
Fernando el Católico,
que en España fue el primero.
Monarca de dos mundos,
que con su dorado coche,
pasea sus estados día y noche.
De parte de este Rey tan soberano,
se te pide y te suplico por mi mano,
que sin guerras, contiendas y debates,
admitas por dinero el rescate,
de esa Aurora divina, pues te damos,
todo cuanto pidas, los cristianos;
y si por ti lo despreciares,
tomarás después lo que encontrares.
Si obstinado, rebelde o mal advertido,
no te reduces a admitir partido,
tan favorable a ti como a tu gente;
la guerra te publico claramente.
En ella te hallarás sin resistencia
acogiéndote tarde a la clemencia.
Verás que tus fuertes africanos,
le servirán de despojo a mis cristianos;
esos corvos alfanges sin consuelo ,
rodarán con las puntas por el suelo;
esos turbantes de lunas adornados,
Se quedarán sin luces eclipsados.
Tus montes talaré, tus sementeras,
se verán convertidas en hogueras.
Ese castillo tan fuerte y tan famoso,
Llorará sus furias pesaroso.
Cortaré las cabezas a tu gente,
sin perdonar culpable ni inocente.
Condesciende a la paz, moro sabio,
y no quieras probar, lo que has oido;
mira que mis soldados son leones,
y así no pongas en duda mis razones;
mira que sin remedio,
a la Virgen sacaré del cautiverio.
(El embajador Moro no admite los razonamientos del Cristiano ni el rescate por dinero. Sólo la guerra le admite recordándole las veces que sus tropas han derrotado a los cristianos).
Moro.-
Cristiano altanero en tus razones,
de otra suerte quisiera mi coraje,
responder a tan loco atrevimiento;
más oye lo que digo; estate atento.
Me dices muy quejoso,
que mi Arraez es caudillo valeroso,
que por traer mucha gente,
a la Virgen cautivó traidoramente;
tales disculpas son de cobardía,
y de mi Arraez confiesas la osadía.
En cuanto lo que pides del rescate,
no imagines tan grande disparate,
que aunque tus parciales,
nos trajeran las Indias Orientales,
no dudes se volvieran,
lo mismo que si nada nos trajeran.
Ya quedas satisfecho en lo primero,
que no se te da el rescate por dinero;
sólo la guerra te admito,
y en campaña probarás,
los rigores de mi saña.
Verás que mis fuertes africanos,
arrollarán totalmente a tus cristianos,
porque juegan los alfanges de tal suerte,
que al seguirlos, pereceréis en la muerte. Verás sus medias lunas ensalzadas,
Humillarte esas cruces laureadas;
la señal de la victoria en los morreanes,
tremolarán turbantes por pendones.
Y así quedarás bien castigada,
y tu ejercito del todo derrotado.
De parte del Zenit, señor del mundo,
gran sultán de Turquía, Selin segundo,
mi Señor soberano,
este aviso le darás al Rey cristiano.
Dile si se ha olvidado,
cuantas veces mis armas le han postrado,
en las guerras diversas que han tenido;
ya por mar, ya por tierra, donde han sido,
vencidos por mis fuertes campeones,
que por ser africanos, son leones.
(En forma airada y despreciativa, sigue diciendo el Moro)
Corre, vete y vuelve luego,
que por Mahoma Santo que te espero,
en la campaña donde experimentes,
si eres tan esforzado y tan valiente.
(El embajador cristiano contesta al moro recordándole las diversas batallas que han perdido entre las que destaca la de Lepanto, haciéndole ver que todas estas victorias las consiguen con la ayuda de la Virgen de la Cabeza).
Cristiano.-
Reportate noble moro,
(Contesta el moro de forma airada y provocativa: "Yo que me voy a reportar”).
no provoques mi paciencia,
ni llenes de vanidades,
esas bárbaras ideas,
pues en la tierra y en la mar,
bien sabes lo que demuestras.
Tus discursos no alcanzan,
de mi Dios la providencia.
Por si se te ha olvidado,
te contaré la tragedia,
de la guerra de Lepanto,
donde quedásteis sin fuerzas;
también lo que sucedió
en el sitio de Viena.
Cuentamen el sitio de Munda,
y otras diversas quimeras,
donde perdisteis cobardes,
honra, honor, vidas y haciendas.
Y en estos últimos años,
no podeis negar la mengua,
siendo cierto,
que todas aquestas hazañas nuestras,
las consiguen los cristianos,
por la divina grandeza,
de la Virgen soberana,
María de la Cabeza.
Rendido vengo y postrado,
y fiado en su grandeza,
que he de castigar tu orgullo,
que he de humillar tu soberbia,
que he de rendir tu castillo,
que he de pisar tus banderas.
(El moro sigue sin admitir razonamientos y declara la guerra)
Moro.-
Si no fuera porque gozas,
en esta ocasión presente,
el fuero de Embajador;
no te atrevieras a decirme,
semejantes razones,
como son las que requieres.
!OH! fuera mi alfange un rayo,
que te amague solamente,
te convirtiera en cenizas,
por más que te resistieres;
más por Mahoma sagrado,
por su Corán y sus sectas,
y los dotes soberanos,
y la gran casa de Meca;
te juro cristiano altivo,
te he de cortar la cabeza.
!Soldados mios, alarma!
levantad esas banderas.
Tremolen esos pendones,
del castillo y sus almenas.
Todo sea furor y rabia.
¡Toque alarma!
¡Toque a guerra!
(Ante esta situación, el Cristiano invoca a la Santísima Virgen para que le ayude a ganar la batalla).
Cristiano.-
¡Oh! Virgen Soberana,
la causa ya toda es vuestra;
en vuestro divino nombre,
le doy principio a la guerra.
Suenen los roncos tambores,
los clarines hagan señas,
los instrumentos marciales,
todos publiquen la guerra.
Plomos fustiguen los aires,
balas taladren la tierra.
¡Alerta! soldados mios,
cada uno sae una hiena,
para respirar vesubios,
contra esa gente agarena.
Y ahora todos en voz alta,
con fe viva y verdadera,
repetid todos: ¡alarma!
Santiago de España: ¡guerra!
ACTO SEGUNDO
Los Embajadores a pie
(El Moro revisa sus tropas para tenerlas dispuestas a la guerra mientras desafia al Cristiano y amenaza con destrozar la Sagrada Imagen).
Moro.-
Antes que salga la aurora,
coronada de jacintos,
quiero como general,
y como cauto caudillo,
revisar mis centinelas,
para ver si se han dormido,
que el general que descansa,
a vista de su enemigo,
bien puede ser vigilante,
bien puede ser atrevido;
más yo nunca me conformo,
en tan heróicos designios.
Hoy que celebra el cristiano,
con fiestas y regocijos,
aquel día en que nació,
el que llaman Dios divino.
Aquel gran profeta de Alá,
que algunos le llaman Cristo;
mas yo he de llegar por si tienen,
en ese fuerte castillo,
algún cristiano valiente,
para pelear conmigo.
Y si no su general,
porque le toca a su brio,
el salir a la batalla,
pues es grande desatino,
que estando a mi vista esté,
en fiestas tan divertido.
En cólera y en rabia ardo,
y de mi cuchillo el filo está alisado,
para dar muerte a cuantos atrevidos,
se opusieron a mi brazo,
pues soy león vengativo,
que despedazo en mis manos,
a cuantos me han ofendido.
¡Oh! rabia de mi furor
¿Cómo el cristiano atrevido,
no tiembla de ver que yo,
me publico su enemigo?
Mas he de llamar por si sale,
porque estoy muy ofendido,
hasta que beba la sangre,
de ese cristiano atrevido,
no he de vivir yo gustoso.
!Arda ese fuerte castillo!
Salid cuantos estais dentro,
que a todos os desafio.
Salid si quereis batalla,
y si no, dejad el sitio;
huid, que os busca un león,
en volcanes encendido.
¿Cómo tuvisteis valor,
para llegar tan atrevidos,
y fijar en mi real tienda,
a "Esa" que es,
la que más me ha ofendido?
Tenedla para salir,
a la batalla conmigo;
y si no quereis salir,
en ese retrato mismo,
que es el que más estimais,
me he de vengar atrevido,
convirtiéndolo en pedazos,
con rabia y furor altivo.
(El cristiano ante las amenazas del moro, lo apercibe a batalla. Se entabla un duro diálogo mientras luchan. El moro es vencido y el cristiano le propone perdonarle si se convierte al cristianismo. El moro acepta. Sus secuaces creen que los ha traicionado y luchan contra los cristianos. Los moros son vencidos y todos abrazan la fe de Cristo).
Cristiano.-
Detente, barbaro impío,
pues si te sufrí el valor,
de llegar tan atrevido,
y desafiar a cuantos,
defienden la Ley de Cristo;
ya no puedo sufrir más,
en tan heróicos designios.
Pues en tocando a María,
en pureza claro armiño,
aquella pura, sin mancha,
aquel alcazar divino,
aquella suprema reina,
de los ángeles divinos,
a quien suplico me ampare,
para que sea el cuchillo,
de cuantos tiranos niegan,
la Ley de su Santo Hijo.
Y ya cansado de verte,
tan valiente y atrevido,
vengo a que sepas tirano,
que habrá quien le de castigo,
a tus barbaras razones,
y a tu mal fundado estilo;
pues ya que tanto blasonas,
de valiente y atrevido,
saca ese barbaro acero,
saca ese cobarde filo,
y verás en breve rato,
el más humilde caudillo,
que tiene la Cristiandad,
si sabe cortar los filos,
de mi vencedora espada.
!Ea! africano atrevido.
Apercibete a batalla.
Moro.-
Ya cristiano me apercibo,
pero te respondo ahora,
con esta abrasada espada,
con este agudo tizón,
y abrasante maravilla.
Te cortaré la cabeza,
con esta corva cuchilla.
Cristiano.-
Habla menos y obra más,
que me enojan tus razones.
Moro.-
Hablar y obrar,
porque soy rayo en las ocasiones.
Mas !ay de mi!
que la tierra que pisaba,
me ha faltado.
(El moro cae a tierra y allí permanece vencido por el cristiano)
Cristiano.-
Ya estais vencido, tirano,
y castigada tu infamia;
si a Dios no te confiesas,
ni de tu secta te apartas,
te he de cortar la cabeza,
y en la punta de mi lanza,
la he de llevar por bandera,
para triunfo de mi espada.
!Ea! moro, a Dios confiesa,
y a su Madre soberana.
(E1 moro se levanta ayudado por el cristiano)
Moro.-
¡Basta! valiente cristiano,
detén tu valiente espada,
ayúdame a levantar
que ya soy vencido en batalla.
Si me vence tu argumento,
te prometo mi palabra,
de recibir el Bautismo,
y ayudado de la gracia,
confesar de Dios el nombre,
y de su Madre soberana.
Cristiano.-
Pues bajo esta propuesta,
levanta moro, levanta,
propón tu dificultad,
que confiado en la gracia de María,
he de vencerte,
aunque las Fuerzas me faltan,
queda la Filosofía,
para casos de importancia,
como es el de este misterio,
y espero victoria larga. flespero victoris larga.
Moro.-
Digo que no puede ser,
que de una doncella intacta,
naciera ese Dios-Hombre,
quedando doncella y casta. Este es el argumento,
que me aturde y me desmaya,
parir y quedar doncella,
parece cosa de fábula.
Cristiano.-
!OH moro!, no pongas en duda,
que en esto no cupo mancha.
¿No has visto por un cristal,
allá en tus barbaros ritos,
cuando el Sol hermoso sale,
pasar sin manchar el vidrio?
Pues así entró el ser divino,
de Jesucristo en María,
quedando aquel cristal fino,
de santidad tan perfecto,
como antes de haber nacido.
Con esto ya me he explicado;
confiesa el nombre de Cristo.
Déjate de idolatrías.
Recibe el Santo Bautismo,
y me tendrás a tu lado,
por el más leal amigo.
Moro.-
Basta, valiente cristiano,
que dos veces me has vencido,
ahora con tu argumento,
y antes con tu acero limpio.
Llévame antes que te sienta mi gente,
que apercibidos están,
para si me ofendes.
Ya confieso a Jesucristo.
Llévame pronto cristiano,
donde reciba el Bautismo,
que cada instante que pasa,
a mi me parece un siglo.
Cristiano.-
Para ver de bautizarte,
ya está todo prevenido,
y si profesas la fe.
!Abrázame, buen amigo!
luz y gloria de paganos,
pues en ti encuentro un caudillo,
gloria de la Cristiandad;
gran defensor de Cristo.
(El moro y el cristiano se dirigen a la Virgen para pidiéndole perdón y ayuda para seguir convirtiendo paganos al cristianismo).